Literatura:

"UNKNOWN 99", UN DÍA MAS DE HORROR Y ANGUSTIA...



foto; winnipeg free press


Cuento de Jorge Cepeda González




FRANJA DE GAZA (EUROLATINNEWS) - Heba, atormentada y casi al borde de la desesperación, se dejó caer al suelo presa de un llanto incontrolable. Afrontaba un día más de angustia en el corazón de la Franja de Gaza.

Apoyada contra una de las paredes de la sala de incubadoras del hospital, su figura, envuelta por la semi penumbra producida por un corte de luz, veíase iluminar intermitente por los destellos de una bombilla, cual, si fuese un moribundo intentando tomar las últimas bocanadas de aire, que, a ratos, parecía dar señales del restablecimiento de la energía eléctrica, cortada repentinamente por falta de combustible que alimentaba los generadores.

Fue un nuevo día más de horror para la joven mujer, de los más de doscientos que venía viviendo a partir de aquél fatídico sábado 7 de octubre, fecha desde la cual prácticamente se encontraba retenida en el recinto hospitalario donde trabajaba, colaborando incansablemente a salvaguardar la vida de los cientos de heridos que la guerra con sus vecinos estaba dejando.

Sumida en la vorágine de un escenario para el que no estaba preparada: caótico, sangriento y cruel, como lo era el de la guerra, su vida de un momento a otro había dado un giro sorpresivo. De repente el trajín diario del hospital; metódico y tranquilo se convirtió en un carrusel girando sin control. Ya no se caminaba pausadamente por los pasillos; ahora  todo era prisa y carreras para ganarle a la muerte.

Cada segundo era vital; los heridos, quemados o amputados no esperaban. La falta de medicamentos y los cortes de energía eran otras trabas para dar un mejor servicio. Quitándole horas al descanso y privándose de preocuparse de sí misma, la familia era un recuerdo. Solo contadas veces en mucho tiempo habíase comunicado con su hijo quien, no cesaba de preguntarle cuando volvería a casa o a estar con la familia ya que la extrañaban.

Casi inanimada y sumida en un estado de insensibilidad mental permaneció acurrucada en un rincón de la sala, ajena a toda noción del tiempo transcurrido. Los gritos provenientes de alguna región del espacio circundante la sacaron de aquella dimensión, conectándola con el tiempo pasado, particularmente con el día en que estando en el servicio de emergencia debió reanimar a un pequeño bebé malherido, luego de ser rescatado con vida de los escombros de una ambulancia atacada, donde había muerto su madre.

Identificado por el hospital como "Unknown 99", el nonagésimo noveno desconocido que atendían durante esa semana, gracias a la oportuna y amorosa atención brindada, se le logró estabilizar.

Pese a que los sentimientos de Heba estaban puestos en su familia y particularmente en su hijo, el contacto físico con la pequeña criatura activó en la joven doctora una inusual conexión energética, desbordando su instinto materno de ayudarlo a vivir, al verlo tan indefenso e inocente.

En un acto de absoluta espontaneidad le llamó tifli alsaghir, mi pequeño bebé, esforzándose lo más que pudo para visitarlo diariamente y mantenerse al tanto de su evolución.

Temprano aquella mañana le visitó en la sala de incubadoras y le vio respirar con mayor soltura, avance que le produjo gran alegría y algo de tranquilidad.

Antes de retirarse del lugar tocó su pequeña cabeza y se alejó con la esperanza de regresar más tarde. Si el día evolucionaba con normalidad, quería aprovechar un breve descanso para tomar una colación junto a la incubadora.

Un sorpresivo apagón –generado por la misma causa que los anteriores- fue el detonante que derivó en una nueva jornada de mucho nerviosismo, carreras y adopción de medidas que permitiesen, en el más breve tiempo, restablecer la normalidad, sino completa, al menos en aquellos servicios más críticos.

Fue la primera inquietud que le sobrevino a Heba, quien a esa hora se encontraba en emergencia, atendiendo a otros pacientes. Imposibilitada de abandonar sus deberes médicos y acercarse hacia la sala de incubadoras, intentó infructuosamente de obtener alguna información de los niños que allí se encontraban, sin resultados positivos.

Llegó al lugar solo para testificar un nuevo desastre. Tres de las criaturas que sobrevivían gracias al apoyo de respiración mecánica habían fallecido; uno de ellos, tifli alsaghir, su pequeño bebé. De repente, la noche se le vino encima. Angustiada se dejó caer al suelo.

Apoyada en el brazo de un asistente se levantó para regresar al lado del pequeño cuerpo que yacía inerte en una camilla. Acarició su pequeña cabeza, retuvo sus manitas algunos minutos y luego dio instrucciones para que lo cubrieran con una sábana y lo llevaran a la sala de refrigeración.

Vida, ¿para qué vivir?, pensó, luego invocó a su dios: Rahimah allah. Que Dios lo tenga en su gloria.

Tambaleándose se encaminó hacia el sector de emergencia. Nuevos heridos rotulados como desconocidos comenzaban a llegar y otra jornada de caos, muerte y miseria, como las tantas que había vivido durante todo ese tiempo, imprimía el ritmo de vida diaria que caracterizaba a los hospitales de Gaza



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