Rincón Poético:





LOS FANTASMAS DE LA FLORESTA




Corrían años aciagos
tres después de los setenta
los hombres huyen descalzos
a esconderse en la floresta.

En bucólicos parajes
de Colliguay en el valle
huyendo de su destino
se esconden los perseguidos.

Escondite entre los cerros
trepando la cuesta agreste
acoge a los penitentes
en falta por ilusiones
y en esa lucha acusados.

Largo es el camino al cerro
los tambores que los siguen
el paso les van marcando.

Atentos a los sonidos
de motores y metralla
ya no sueñan, sólo esperan,
esperan sin esperanza
que los perros los encuentren
los perros de botas negras.

Lejos quedaron los hijos
una artesa , la mediagua
y la madre luchadora
haciendo frente a las balas.

Noches en vela de angustia
los perros huelen el miedo
chacales de botas puestas.

Helada es la noche oscura,
los boldos y las acacias,
los peumos y los espinos,
dan sombra, lumbre , cobijo.

En cama de hierbas nobles,
a la luz de la estrellas,
en vigilia noche a noche,
velan silencios de angustia.

Ya sopla la travesía.
Abrazados en el frío
si agreste la leña esquiva,
el hielo en las carnes prietas
como agujas se les clava.

Tantas hormigas rastreras
por doquier ya los atacan
y en el miedo, congelados,
se quedan paralizados.

En la sombra silenciosa
grandes ojos los vigilan:
la lechuza de los montes
da su mensaje a la noche.

Todos son uno en el cerro.

La amistad en la desgracia
borra y lima los errores;
ya no duelen los rencores
ni importa si era letrado,
o sólo tenía fuerza.

El miedo los empareja
como el peine que los peina.

En este camino curvo
polvoriento de presencias,
el caminante no puede
hurtar el cuerpo a la historia,
si los árboles del campo
tienen marcadas sus huellas
y la sombra de sus sombras,
aún cobija sus penas.

Tres décadas han pasado
mas las muertes no se olvidan.

En noches con luz de luna
en noches de luna llena,
plateados espejos de hojas
de esos blancos abedules,
recuerdan el filo blanco
de las armas más que negras.

Ya las peñas de la poza
de rojo sangre se tiñen
si el eco de los lamentos
es el eco de los ruegos…
…cuando el estero no canta
en noches de luna llena.

Patricia BENAVENTE VASQUEZ,
poeta chilena residente en Viña del Mar (Chile).



foto Inés ZEISS.


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