Literatura:



EL CIRCO DE LA VIDA



Alicia Mautz





VIÑA DEL.MAR  Chile (EUROLATINNEWS) - Susana, una de esas  mujeres que la pobreza hace invisibles, vendió su hijo al circo para comer, drogarse y esconder su drama en el lúgubre lecho del estero que cruza la ciudad. Bajo sus puentes, entre matorrales, barriales y suciedad, existe un submundo donde la vida se manifiesta en su máxima crudeza.

A este mismo lugar llega el circo todos los veranos para alegrar la pobreza inclemente del alma. Los puentes del estero de Viña del Mar ofrecen un improvisado cobijo para sobrevivir a duras penas a personas en situación de calle. Acogidos por los arbustos se esconden y comparten su miseria. Escuchan el mar desde lejos y miran en silencio las puestas de sol.

Durante el día enfrentan la incertidumbre. Por la noche, comen, beben se drogan y comparten la poca comida que logran con el dinero de la mendicidad. Bajo el Puente Libertad, a modo de abanico, se aprecia la diversidad con que se despliega la miseria humana en la Ciudad Jardín.

Allí acude Susana  a buscar compañía. No le gusta drogarse sola. Se refugia en la tibieza de la amistad de quienes la acompañan en su tragedia, aquellas sombras que no le causan más daño. Todos conocen su historia y nadie la condena. Cada uno tiene en su pasado alguna noche oscura. Cuando cae el sol, encienden una fogata bajo el puente, iluminando una miseria humana que no duele tanto cuando se siente acompañada.

 Cuando recuerda la noche en que relató su historia al grupo se le arranca un suspiro. Le cuesta recordar cómo cambiaban las caras a medida que ella explicaba sus años de dolor.  

  Su drama comenzó  una noche de carrete. Eligió mal la compañía. Quedó  bailando sola entre conocidos de sus amigos. Y a medida que avanzaba la noche caía presa del efecto de la droga y el alcohol. Mucho entusiasmo por allá, muchas dudas por acá. Insistente coqueteo por allá, pero algo mas tímida por acá. Cuando ella quiso  parar, la música sonó más fuerte, pero él no escuchó su grito de rechazo y no se detuvo.

Al día siguiente, su vida se había transformado en una pesadilla de la que ya no podía despertar. Su angustia sólo comenzaba. A los dos meses supo de su embarazo, pero continuó drogandose, pensando inutilmente que a ratos podría olvidar. Se sumergió en la droga y en lugar de buscar ayuda familiar, decidió huir con su secreto a cuestas.

Una mañana salió de casa de sus padres, en Santiago,  para nunca volver.

  Tomó el metro, se bajó en Estación Pajaritos y abordó un bus hacia Viña del Mar. Llegó a destino después de haber llorado durante las dos horas del viaje.  

  Queria vomitar su vida. Se sentía profundamente humillada, sucia de algo que no podía limpiar, en medio de  una incontenible marejada de rabia. Decidió vivir como quien desea morir, junto a jóvenes con dramas similares o peores al de ella, alimentandose poco y mal, en medio de una danza de drogas, alcohol y miseria, durmiendo en las calles o bajo los puentes del Estero Marga Marga, especialmente frente al Mercado Municipal.

 Una fría noche de primavera, haciendo recuerdos y sintiendo una tremenda soledad, decidió no pasar el resto de sus días odiando a un niño que sólo le traería recuerdos indeseables. Imaginó que el circo del verano podria ofrecerle una  salida para cerrar el mas amargo capítulo de su vida.  

 Con el sol estival, el circo se instaló en el lecho del Marga Marga y cuando el sol veraniego se alejó, el circo se llevó a otra ciudad su inocente fantasía, después de regalar risas y asombro  a cientos de  niños.

 Su hijo se fue entre payasos y contorsionistas. Sus compañeros de drama dicen que lo vendió por un poco de  dinero para poder comprar pasta base. Cuando se fue a despedir de los circenses que había conocido ese verano, les llevó un canasto de frutas para el viaje y entre los racimos de uva y mandarinas dormía un futuro trapecista.  

  Susana quedó incrustada en el grupo de los invisibles. Se quedó en el mismo lugar, recolectando cartones y latas, junto a quienes les duele la vida. Nunca salió del túnel de la droga y cada noche la muerde la culpa y la pena la acompaña hasta la fogata bajo el puente Libertad.

Sus amigos la acompañan en la espera, hay años en que el invierno es más largo pero siempre llega el verano y  entonces va todos los días al circo  a dejarle fruta a los más pequeños...

--Cuento publicado en la la 5a. Edición de la HUELLA LITERARIA, del Círculo de Escritores de la 5.ª. Región de  Chile--

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