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LA RABIA SOCIAL EXPLOTA EN UN CHILE BAJO EMERGENCIA



Por: Enrique Guzmán de Acevedo





SANTIAGO/VALPARAíSO,Chile (EUROLATINNEWS) - Chile amaneció herido este domingo 20 de octubre, sangrando por un torbellino de injusticias sociales en medio de una tensa jornada de protestas callejeras coronada con un toque de queda en la región de Santiago que prolongó la angustia.

Esta es la primera vez que se impone el toque de queda en Chile desde el retorno de la democracia, tras los 17 años (1973-90) del represivo gobierno dictatorial de Augusto Pinochet.

Hasta 15 días puede prolongarse el Estado de Emergencia en Santiago, Valparaíso y Concepción, decidido por el derechista presidente Sebastián Piñera, cuyo gobierno se vio superado por una serie de incidentes callejeros, catalogados de "vandalismo" por las autoridades.



Para sectores opositores, el hecho de recurrir a la Ley de Seguridad del Estado constituye "una derrota para un gobierno democrático". Los mismos sectores indican que el alza de las tarifas del metro, que desató la ola de violencia, constituye la gota que revalsó el vaso del descontento ciudadano, de las grandes diferencias sociales en un país que se mueve a tres o cuatro velocidades, con salarios miserables, pensiones indignas, con graves problemas en los servicios de salud, educación de mala calidad, empleos precarios, deuda universitaria vitalicia, delincuencia sin el debido control policial, corrupción política, corrupción en Carabineros y Militares,´por decir lo menos.

Con 500 militares armados desplegados en las calles de Santiago, con helicópteros vigilando los movimientos ciudadanos, humeantes restos de estaciones de metros o de establecimientos comerciales quemados, resultó caótico el despertar de los chilenos, con la ciudad tratando de recuperarse de las cicatrices de las violentas manifestaciones de la víspera.



Militares y Carabineros armados intentaron imponer la calma, pero las manifestaciones que nacieron en la capital, se propagaron como un reguero de pólvora por el país, agitando ciudades tan importantes como Valparaíso, Viña del Mar, Concepción, Punta Arenas, Antofagasta e Iquique.

El gobierno del presidente Piñera, al verse superado por los acontecimientos, debió recurrir al Estado de Emergencia para calmar los ánimos, pero los manifestantes no cedieron fácilmente y afrontaron con la frente en alto la represión policial, que les impedía manifestarse pacíficamente.

A las manifestaciones pacíficas acudieron familias, jóvenes con sus padres o abuelos, pero los policías les atacaban con bombas lacrimógenas, disuasivos químicos que no frenaron las protestas, que se prolongaron hasta después del inicio del toque de queda en Santiago.



En otros sectores más críticos, los policías no pudieron evitar la violencia callejera,los destrozos y los saqueos en diversos establecimientos comerciales asaltados por delincuentes, que se aprovecharon del desorden y del caos reinante en las ciudades.

Las manifestaciones surgieron después de cinco días de evasiones masivas en el Metro, por el aumento del precio del pasaje, y según un balance parcial fueron incendiadas o dañadas 78 de las 136 estaciones del sistema inaugurado en 1975. También fueron incendiados seis buses y un automóvil, siendo detenidas 308 personas, antes de la imposición del Estados de Emergencia, por amenaza del órden público, y el consecuente toque de queda decidido por el General Javier Iturriaga, designado por el presidente Piñera como Jefe Militar de la Zona de Emergencia.

Dependencias policiales y militares fueron atacadas por los manifestantes, y hubo una serie de incontrolables saqueos en otras ciudades donde no se impuso el toque de queda.

La protesta era una sola, manifestarse pacíficamente por el descontento social, pero a las autoridades se les fue de las manos la situación y los violentos aprovecharon la ocasión para seguir incendiando estaciones de metro, autobuses e instalando barricadas o saqueando establecimientos comerciales durante el toque de queda, en lugares abandonados por los militares a cargo de controlar la situación.



Cuando estaba en plena vigencia el toque de queda en Santiago, el presidente Piñera decretó también el Estado de Emergencia y el toque de queda en Valparaíso, zona que quedó a cargo de un Almirante de la Armada Nacional, y en la provincia de Concepción, 550 kilómetros al sur de la capital, pero sin aplicar aun el toque de queda en la zona.

La rabia social desatada en Chile no terminará mañana.

El fuego del descontento ciudadano seguirá ardiendo hasta que el gobierno pueda calmar los ánimos con medidas tan efectivas como la supensión del alza de los precios del metro anunciada al final de la jornada por el propio presidente Piñera.



El ruido de las cacerolas ("Cacerolazo"), símbolo del descontento social durante los últimos días de la dictadura pinochetista, vuelven a agitar las noches ciudadanas del país.

¿Cuando se silenciarán?

Esta es la gran interrogante del día.





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