Análisis:



PODER POLÍTICO CHILENO SOMETIDO AL PLEBISCITO CONVOCADO POR EL PUEBLO



Por: Enrique Guzmán de Acevedo





> SANTIAGO DE CHILE (EUROLATINNEWS) - El poder político de Chile se inclinó a regañadientes al plebiscito convocado por el pueblo, más bien fue sometido al potente grito de la calle enardecida por una montaña de injusticias socio-económicas y de múltiples casos de corrupción política, judicial, policial y militar.

> El gobierno se vio obligado a negociar con la oposición un acuerdo político de “paz” para abrir el mecanismo hacia una nueva Constitución, pero igualmente debió soportar una clara derrota en sus intenciones de imponer su criterio para evitar un plebiscito de consulta al pueblo sobre si desea o no una nueva Carta Magna, para reemplazar la de 1980 impuesta por la dictadura de Augusto Pinochet.

El presidente Sebastian Piñera era partidario de un plebiscito ratificatorio de una Constitución eventualmente modificada en el Parlamento y no de un plebiscito para que el pueblo decida sobre la necesidad de reemplazarla por un texto mas democrático en armonía con los nuevos tiempos.

> El pueblo exigió a gritos durante un mes de multitudinarias marchas y manifestaciones callejeras una nueva Constitución y una serie de demandas para equilibrar las grandes diferencias socio-económicas en un país con paupérrimas pensiones y esqueléticos salarios mínimos.

El poder político tomó el guante y enfrentó el desafío de la calle, sintiéndose equivocadamente vencedor de una pugna que los obligó a tomar urgentes decisiones, habiendo adoptado en algunos días de esta ardiente crisis más acuerdos que en años de vacías deliberaciones sin eco positivo alguno para la ciudadanía.

> Los políticos del gobierno y los políticos del parlamento se abrazaban, se felicitaban efusivamente, en medio de una lluvia de optimistas declaraciones por este “histórico acuerdo” hacia una nueva Constitución.

En el fondo, estaban derrotados, humillados por los ciudadanos, que acorralaron al poder político, obligándolo a buscar adecuadas fórmulas para reemplazar la Constitución heredada de la dictadura militar (1973-1990) y para solucionar sin burocracia partidista las urgentes necesidades de justicia social y económicas de los chilenos.

El gran triunfador ha sido el pueblo de Chile, porque la calle impuso su criterio y no dejará de luchar por sus derechos hasta que una nueva Constitución vea la luz y cuando el poder político concrete sus promesas de mejores salarios y pensiones, una educación gratuita de calidad, mejores hospitales, medicamentos a más bajos precios...entre muchas otras respuestas a la exigencias de la calle.

“El pueblo ha convocado a un plebiscito”, haciendo valer su “derecho a la libre determinación”, un “derecho humano esencial que figura en la actual Constitución”, explicó el abogado Hernan Montealegre al hacer una interpretación jurídica de lo que está ocurriendo en el país.

“El país se ha constituido en un plebiscito. Estamos en un estado plebiscitario en pleno desarrollo en Chile”, añadió antes de afirmar categóricamente que el gobierno y el parlamento acataron “lo que el pueblo decidió” en las calles, pues si el pueblo no lo hubiere resuelto, el gobierno no tendría porque cambiar el rumbo de su programa. político.

“Hemos sido auto convocados por el propio pueblo en su derecho a la libre determinación” y los políticos debieran llamar a que todos los sectores “se incorporen al proceso plebiscitario convocado por el pueblo”. Con su “derecho a la libre determinación, el pueblo lo decide y el poder político debe acatar” su decisión, señaló subrayando que todo esto forma parte “de un procedimiento constitucional”.

Si los políticos debieran conocer este derecho fundamental del pueblo, al parecer lo ignoraron al disfrazar el mecanismo hacia una nueva Constitución en una decisión política de “paz” que buscó evitar el plebiscito inicial del procedimiento jurídico.

La oposición derrotó a los parlamentarios gubernamentales al imponer este plebiscito inicial que el gobierno derechista de Sebastian Piñera rechazaba categóricamente. Era tal el malestar en las filas gubernamentales, que la presidenta de uno de los principales partidos oficialistas ya anunció que en el plebiscito de abril 2020 votará en contra de ,la nueva Constitución.

Por su parte, el escritor Jorge Baradit, celebró la decisión del plebiscito para una nueva Constitución, pero afirmando que “no podemos entregar la responsabilidad histórica a la clase más desprestigiada y que genera el mayor rechazo nacional: la clase política”.

“Los procesos para obtener una nueva Constitución deben gozar de legitimidad a toda prueba, que esa clase hoy no garantiza”, añadió antes de explicar que los contenidos de esta nueva Carta Magna deben salir, por primera vez en nuestra historia, desde la gente misma, desde asambleas locales vinculantes, de cara a una gran Asamblea Constituyente que dote de legitimidad democrática y representativa al proceso”.

“La clase política chilena no sólo es la más desprestigiada, sino que es sindicada como parte de los problemas que tratamos de solucionar”, afirmó.

En otro ángulo crítico, el profesor Eduardo González Navarro, dirigente nacional del Colegio de Profesores de Chile, lamentó que los parlamentarios hayan decidido a puertas cerradas, bajo el slogan de la “máxima unidad para avanzar y lograr la paz social”, algo que “nació por y desde el pueblo”.

“El gobierno ha hecho su jugada. Con esta salida constitucional busca desactivar el mayor movimiento social (registrado en Chile) desde el retorno de la democracia (1990) y busca apoderarse del centro y dejar como marginales a todos aquellos que no quieran sumarse a este acuerdo por la Paz”, explicó.

Al subrayar que la “clase política tiene la traicion al pueblo como su deporte favorito” y que “está dispuesta a cualquier cosa con tal de resguardar sus intereses”, el profesor dijo que “sin la presión popular constante y masiva no se podrá lograr un real proceso constituyente”.

Chile sigue navegando por turbulentas aguas, sin que el desprestigiado poder político pueda calmar la furia del gigantesco oleaje humano que desde hace un mes invade las calles exigiendo justicia para amortiguar las grandes desigualdades socio-económicas de un país que hasta hace un mes era un (falso) ejemplo de progreso en America Latina.





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