Urgente:



PIÑERA SE ARRODILLA HUMILLADO ANTE EXIGENCIAS SOCIALES DEL PUEBLO



Por: Enrique Guzmán de Acevedo





SANTIAGO DE CHILE (EUROLATINNEWS) - Acorralado por las exigencias sociales del pueblo, el presidente Sebastian Piñera se arrodilló humillado ante sus opositores políticos para buscar soluciones urgentes a la crisis más importante sufrida por Chile desde el término de la dictadura militar (1973/90).

Incluso, cambiando el duro tono de sus palabras, pidió "perdón" a los chilenos por la falta de visión para captar a tiempo la urgencia de las demandas sociales del pueblo, anunciando con orgullo una serie de medidas económicas, el inmediato aumento de las paupérrimas pensiones y el pago de un subsidio estatal para el salario mínimo.

Pocas horas antes, el mandatario había convocado de urgencia a los líderes de la oposición y después de escuchar sus planteamientos y propuestas anunció un acuerdo político para modernizar y agilizar una Agenda Social que está siendo discutida en el Congreso Nacional, con el objetivo de buscar el mejor camino para dar respuesta al multitudinario grito popular de justicia socio-económica.

Pero, sin esperar tales anuncios, los sindicatos de variados gremios de trabajadores convocaron a una huelga general para el miércoles 23 de octubre, al tiempo que el Colegio Médico ponía en duda las cifras oficiales de muertos (15) y heridos (239).

"Esta Agenda Social es un esfuerzo grande, significativo, para mejorar la calidad de vida de los chilenos más desfavorecidos", dijo Piñera antes de anunciar el aumento de las pensiones más bajas, un subsidio estatal para el salario mínimo y una serie de medidas concretas, pero con trámite legislativo, como un seguro de enfermedades catastróficas, la reducción del precio de los medicamentos, la estabilización de las tarifas eléctricas, así como la reducción de los salarios de la administración pública y de los parlamentarios.

Al lograr un acuerdo con la oposición para poner fin a la crisis, el gobierno reconoció así haber fracasado en el diseño de la política que existía antes del estallido social, pidiendo a sus opositores participar en la búsqueda de soluciones de urgencia, haciendo hincapié en el llamado al orden público y en la apertura de un diálogo constructivo para diseñar y modernizar adecuadamente la agenda social existente en el Parlamento. Consciente de la necesidad de ceder en sus posiciones, Piñera había pedido previamente a los miembros del Comité Político gubernamental negociar con mayor flexibilidad con la oposición sobre temas tan sensibles como la reforma de las pensiones, la reforma de la salud pública y privada, así como sobre un plan de reconstrucción del país, tras los graves daños sufridos durante cuatro días de manifestaciones y saqueos.

A pesar de los problemas, "la situación está mejorando" en el país, precisó el presidente, pero aclaró que no levantará el Estado de Emergencia sin que "el orden público y los bienes públicos y privados no estén debidamente resguardados".

La Intendenta de Santiago, Karla Rubilar, había subrayado poco antes que "hay guerras que dar en temas de salud, empleo, pensiones, salarios y en materia de desigualdad. También hay guerras que dar contra la delincuencia y el narcotráfico", pero "hay que volver a la normalidad" para seguir trabajando en estos temas esenciales para recuperar la paz social.

"No hay paz sin justicia y no hay justicia sin paz", recalcó. Pero esta paz social está aún lejos de llegar en toda su magnitud, con al menos 15 muertos, casi tres mil detenidos y más de 300 heridos en cuatro días de desobediencia civil en el marco de un Estado de Emergencia y toque de queda que no han dado los resultados de control ciudadano esperados por el gobierno, preocupado por los múltiples destrozos de vándalos encapuchados que obligan a intervenir violentamente a militares y carabineros, quebrando las manifestaciones pacíficas exigiendo soluciones urgentes a los problemas socio-económicos del país.

Los manifestantes defienden cada día su "derecho a la rebeldía" social, exponiéndose incluso después del inicio del toque de queda en las ciudades bajo el Estado de Emergencia, mientras que en sectores menos vigilados los saqueos continúan como pan de cada día.

No se ven detenciones de encapuchados en las pantallas de los diversos canales de televisión ni en las grabaciones difundidas en las redes sociales, pero si se ven a pacifistas muchas veces detenidos violentamente, incluso cuando están con los brazos en alto como símbolo de paz. También se han visto imágenes de militares dejando la vía libre a saqueadores de supermercados y a policías robando alimentos y televisores.

Las respuestas oficiales a estos extremos han sido escasas o confusas, sin poder parar el desfile de filmaciones escandalosas similares de militares y carabineros actuando al margen de la ley.

Son múltiples las imágenes de presuntos montajes policiales, con dos o tres buses quemados en una calle por donde nunca han circulado buses de locomoción colectiva o policías encapuchados sorprendidos, desenmascarados, en plena acción de violencia, protegidos por una cinta para ser identificados por sus colegas uniformados.

Los efectivos militares y policiales se han visto superados por la grave situación y en muchos barrios del país los propios vecinos han decidido ponerse los chalecos amarillos para marchar por la paz y la justicia o para proteger sus hogares de asaltantes encapuchados que esperan ver caer la noche para actuar como buitres hambrientos de acción.

"En pleno toque de queda, tuvimos amenazas de asaltos en casas de la población. Todos los vecinos salimos a las calles con palos y chalecos amarillos. Como se vieron acorralados,los delincuentes trataron de asaltar la farmacia del barrio, pero los vecinos los ahuyentaron. Cuando los asaltantes arrancaron...llegaron los policías y militares", informó la profesora de francés Patricia Ivonne Guzmán, residente en Viña del Mar, ciudad vecina a Valparaíso.

Otra vecina del sector, la educadora Clara Gallardo, denunció que en su condominio fueron detenidos por militares dos delincuentes que intentaron ingresar a un departamento, también en pleno toque de queda.

Todo esto caracterizó un martes negro, que tuvo como epílogo más grato -en pleno toque de queda- el anuncio presidencial de soluciones de urgencia para la más aguda crisis social vivida por Chile desde que los ciudadanos lograron expulsar del poder al dictador Pinochet con su democrático voto del "NO" (más dictadura).



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